En la colonia Roble Agrícola, al sur de Mérida, un grupo de vecinas encontró en la cocina tradicional una forma de autoemplearse y mejorar su economía. Con ingredientes que ellas mismas cultivan, elaboran salsas, cremas y mermeladas artesanales con sabores locales.
Apoyadas por organizaciones sociales, lograron comercializar sus productos y fortalecer el tejido comunitario en una zona con pocas oportunidades y servicios, demostrando que la gastronomía puede ser una vía de desarrollo sostenible.

